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Aquel que hace tener esperanza, al que sabe que no hay esperanza.

Bueno hoy me sentía inspirado y he escrito una historia corta sobre Eldars y Tiránidos. Vosotros me perdonáis el estilo, pero no tengo mucha idea de escribir, solo tenía ganas de contaros algo y esto es lo que me ha salido:

Ladril era el exarca de la unidad de Vengadores “Faelah Calas”. Su visión borrosa por el tremendo impacto recibido de la criatura tiránida, le hacía andar dando tumbos. Ladril era consciente de que iba a morir en ese planeta, a manos de ese terrible Trigon Prime. Sonreír le hacía daño, pero cuando pudo ver a sus hermanos de armas escapar en el luminoso Serpiente, no pudo contenerse. Un coletazo del terrible monstruo lo zarandeó y apagó la voz de su vida…

La mañana anterior a estos hechos, el contingente Eldar preparaba las defensas del planeta Krisalia. El Gran Devorador había puesto su mira en este pequeño planeta, que los Eldar usaban de Luna Santuario. El mismísimo vidente Eldrad Ulthran se movilizó para ayudar a las defensas a resistir, mientras se preparaba el éxodo. Porque ante el poder del Devorador no hay victoria posible.
Esa misma mañana Eldrad buscó al protagonista de su más reciente visión, al joven Exarca Ladril. Frente a frente, el vetusto Vidente explicó que había escudriñado hoy su muerte, y que si era de los primeros en partir, igual podría burlarla. Ladril con tono sereno replicó: “Gracias maestro, si con mi vida puedo defender un pedazito de estrella de los Asur, acepto mi sino”. Dicho esto, enfundose el yelmo y embarcó en su Serpiente hacia primera línea de combate.
La batalla era terrible, las hordas tiránidas infinitas, el coraje Eldar pendiente de un hilo, pero allí se alzaba la figura de un exarca Vengador Implacable, la figura de Ladril. Abatía a diestro y siniestro todo tipo de criaturas feroces y sanguinolentas, blandía su espada como si el mismo Asurmen se tratara, mataba a tantos enemigos que podría haberse considerado él solo un ejército…
Cuando el Trigón Prime emergió de las profundidades todo fue un caos, los Vengadores de la escuadra de Ladril estaban aterrorizados ante tan colosal criatura, que entró partiendo a cuatro Eldars como si de virutas se trataran. Pero el exarca dio un paso adelante, cogió impulso ante un puñado de cadáveres de Genestealers y golpeó el hocico de la bestia con su escudo iridiscente. Ladril gritó a sus compañeros: “¡fandalah qui estelas!” La esperanza está en el cielo… Y así era, un Serpiente pilotado por un intrépido piloto, había llegado para rescatarlos. Pero el Trigón se interponía entre los Eldar y el vehículo. Ladril se adelantó para enfrentarse a la criatura, le sacaba 3 metros de altura pero con un increíble salto le hizo una herida que cortó tres brazos de aquella monstruosidad. El Trigon devolvió un coletazo que mandó a estampar al exarca contra un montículo, quedando el cuerpo roto por dentro, pero el joven exarca se puso en pie y sonrió. El siguiente coletazo si fue mortal.

No conforme con haber matado al maltrecho Eldar, el Trigon se abalanzó sobre el cadáver para profanarlo con furia desmedida, pero algo hizo que la criatura se parara en seco. Una figura negra y delgada le señalaba con el dedo índice. Medio segundo después la cabeza del tiránido explotó, cayendo al suelo el cuerpo entre horribles convulsiones. Esa figura que vestía de negro era Eldrad Ulthran, el más venerado vidente Eldar y guía espiritual de su pueblo. Quitose el Yelmo Eldrad, para poder ver mejor el cuerpo del joven exarca, le cogió la mano y le dijo: “Aquel que hace tener esperanza, al que sabe que no hay esperanza”